LA VOZ

Leonard Cohen ha confesado hoy que todo lo que algunos vemos en él se lo debe a la tierra en la que creció el –todavía huele, aún está vivo- cedro del que está hecha su guitarra española. Habló de poesía, de Lorca y del encuentro con la voz que parece dictar cada palabra de sus novelas, canciones, poemas; habló de música, de los seis acordes flamencos que le enseñó un guitarrista español suicida. Nunca he intentado tocar una guitarra, sé que -manos torpes- no habrá música que acompañe a las cosas que escribo. Aún sueño con encontrar esa voz a la que se refería Cohen; no se controla, no se sabe muy bien de dónde viene; sé que si alguna vez doy con ella debería pedirle permiso antes de usarla.

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