Archivo de la etiqueta: 2012

LA DESPEDIDA DE UN HOMBRE SABIO

Volví a comprobar -ya lo había visto aparecer tras las cortinas del escenario de un recinto abarrotado, fue en Orense hace tres años- como no es necesario entender todo lo que encierran sus líneas para que las canciones de Leonard Cohen cautiven; te hagan sentir una emoción distinta a la que se experimenta con la música de otros artistas capaces también de llenar el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid.

Una espectadora intentaba que su Smartphone le echase una mano para averiguar el nombre de lo que estaba sonando, quizá era anoche sólo cuestión de dejarse llevar por la voz –convincente como nunca antes- de Cohen, por el virtuosismo de su banda, por la belleza de los coros –y los solos- de Sharon Robinson y las Webb Sisters.

Hace no demasiado le llegó a Leonard Cohen el reconocimiento del gran público. Ahora abandona el escenario bailando y sus setenta y ocho años no le impiden arrodillarse ni ofrecer conciertos de cuatro horas. Hubo en la actuación del cantautor canadiense más que espectáculo, música y poesía; es posible que asistiésemos a la hermosa -vitalista y llena de dignidad- despedida de un hombre sabio que con composiciones tristes que parecen arrancadas del alma, con la humanidad que desprenden  sus ojos casi cerrados consigue conmover y poner en pie a miles de personas.

Anuncios

UNA NOCHE TRAS OTRA

Es algo especial pisar el césped del Bernabéu, aunque esté cubierto con un plástico azul, mirar el escenario vacío sabiendo que en cualquier momento se oirá un ¡Hola, Madrid! y la voz rota de Bruce Springsteen te acompañará durante las próximas horas recordándote que algunas líneas –ya hayan sido compuestas hace cuarenta años o algunos meses atrás- seguirán siempre significando algo para ti.

Anoche Springsteen no se olvidó de los más fieles y rescató alguna que otra joya de las recopiladas en la caja Tracks y en el The Promise, incluido el estreno en directo de Spanish Eyes. Los setenta volvieron con el aire gamberro de Spirit In The Night, las guitarras rugieron en Murder Incorporated y el soul inundó el coliseo de la Castellana durante el Apollo Medley. Jack Of All Trades, Shackled And Drawn y We Are Alive demostraron que muchos nos equivocamos al juzgar el nuevo disco, aunque fue el Springsteen de carreteras desiertas el que verdaderamente conmovió con Thunder Road y The River.

Es el de ayer el concierto más largo en la carrera de Springsteen; el rockero de Nueva Jersey se despedía exhausto del público madrileño sabiendo que lo había vuelto a conseguir, no sólo con los que nos emocionamos al oír Here in northeast Ohio/ Back in eighteen-o-three: había logrado que la noche pasase a ser inolvidable para los miles de espectadores que jamás habían asistido a un concierto de Bruce Springsteen y que probablemente nunca más vuelvan a hacerlo. Y eso es, según el propio Springsteen, lo que le motiva para seguir una noche tras otra -en cualquier lugar del mundo- cantando sobre chicas, bandas callejeras, coches, fábricas y gente desesperada.


ALGO NUEVO QUE DECIR BAJO LA HERMOSA NOCHE SEVILLANA

No hace demasiado dije que ya no era Bruce Springsteen el más adecuado para cantar sobre las miserias de la gente corriente. Anoche, después del ¡Hola, Sevilla!, los versos de Badlands cobraron para mí verdadero sentido; noté que ni el magnífico estado de la voz de Springsteen ni la buena acústica eran los únicos motivos que iban a convertir la noche de ayer en inolvidable. ¿Dónde está el trabajo que hará mis manos, mi alma libres? Había escuchado el Wrecking Ball decenas de veces en casa, el Boss no había venido a Sevilla a hacer una defensa digna de su último trabajo, tampoco a recordarnos que hubo una época en que sus composiciones hablaban de chicas, promesas y carreteras polvorientas: estaba claro, Bruce Springsteen tenía algo nuevo que decir bajo la hermosa noche sevillana. Libertad, hijo, es una camisa sucia/ El sol en mi rostro y mi pala en la tierra/ La pala en la tierra mantiene al diablo alejado/ Me desperté esta mañana encadenado y cautivo. La remozada E Street Band volvía a sonar contundente –nuevas voces, sección de vientos y un Jake Clemons que con una mezcla de desparpajo y talento homenajeaba a su tío en cada nota. El tan temido experimento rapero del rockero de Nueva Jersey fue uno de los puntos álgidos; Candy´s Room, The Ties That Bind, Because The Night: los guiños a los fans de siempre se intercalaban entre las líneas crudas del Wrecking Ball (Pero a veces el mañana/ Llega bañado en tesoros y sangre/ Hey, resistimos la sequía/ Y resistiremos el diluvio; imposible no dejarse envolver por Jack Of All Trades). Tenía algo nuevo que decir y sabía que sólo había una manera posible de decirlo: con más energía y ganas que nunca; nosotros entendimos que la E Street Band no se acababa en el escenario. La mirada de un emocionado Bruce se tornó triste al recordar al fallecido Clarence Clemons; pero enseguida volvió la llamarada a su voz. Eligió Springsteen el Sur para comenzar la gira europea, no creo que esto fuese una coincidencia; el calor sofocante, el sudor, los ritmos del sur de los Estados Unidos, un público entregado: el lugar idóneo para acordarse de los indignados, de los que han perdido su trabajo, de la gente que sigue luchando en estos tiempos difíciles.