Archivo de la etiqueta: arte

A TRAVÉS DE LOS OJOS DE LA PEQUEÑA ESTRELLA

La película El sur de Víctor Erice va de la soledad, de la pesadumbre del ser humano, del amor perdido, del matrimonio insoportable. Esto lo dice el espectador que escribió la primera crítica, la que le da diez estrellas, que sale cuando tecleas El sur en la página web Filmaffinity; tampoco se olvida de la belleza de las imágenes, de la música y asegura que después de verla se te queda el cuerpo amorosamente entristecido.

Hoy viene en El País un artículo en el que el ex jugador del Madrid Santiago Solari reflexiona sobre la mirada de los niños –vemos El sur a través de los ojos de la pequeña Estrella-, cómo exigimos a los deportistas, a nuestros héroes de la infancia, un comportamiento modélico mientras a los que manejan los hilos les aplicamos la mirada adulta. Planea este asunto –el mito del padre se va desmoronando para la niña- en el filme de Erice, pero ayer me pareció notar al ver la película algo que no se entiende del todo desde el plano técnico, ni desde el argumental, no es tampoco lo que sientes cuando acaba; quizá sea esto tan tenue lo que haga al arte posible.


COSAS RARAS PORQUE SÍ

En uno de los capítulos de Los Simpson en los que Moe decide remozar un poco su bar, define el barman el posmodernismo como cosas raras porque sí. Desde que de cuando en cuando me dejo caer por un café de la calle Ruiz me ha quedado claro que para que un texto actual sea estimable no tiene sólo que estar bien escrito, no es suficiente que se de ese extraño proceso –el que para mí define el verdadero arte: algo imposible de describir, muy íntimo, equivalente a lo que sucede cuando uno se enamora de verdad; eso que está ahí y que si fuésemos capaz de explicar del todo no habría enamoramiento, no habría experiencia estética- en que el fuego interior del creador, su intimidad (aunque la disfrace con metafóricos ropajes) pasa a conmover al receptor, a convencerle de que la obra de la que está disfrutando es la más absoluta de las verdades. Tiene además (no sé si es del todo correcto lo que digo, espero que valga para entendernos) que generarse un universo que no existiera antes (justo lo opuesto al habitual mundo a priori). Me es complicado explicar esto, digamos simplemente que tienen que darse cosas al estilo de las cosas raras de los Auster, hermanos Cohen, Allen, Murakami y compañía. En primer lugar me asalta la duda de si éstos no serían vistos como conservadores por los dadaístas y algunos que hace ya bastante se propusieron romper de manera drástica con todo lo anterior. No creo que las cosas raras sean porque sí, reconozco haber disfrutado con los autores citados y otros de la misma línea; es sólo que no veo del todo claro que tanta complicación, tanta teoría, tanto análisis sean indispensables. Luego entras en la Wikipedia y compruebas que estás inevitablemente atado a tu tiempo, que a pesar del aroma clásico del que intenté dotar a mis Cortos americanos no es difícil encontrar en ellos ciertos rasgos de posmodernidad; es un tema complicado éste y un atrevimiento por mi parte tratar asuntos de los que desconozco casi todo. En cualquier caso, sea yo un clásico trasnochado, un posmodernista o un romántico de los de antes creo que hay sólo un camino para disfrutar con la creación: hacerlo a tu manera.


EL TRABAJO MÁS FÁCIL

Yo de pequeño no entendía del todo por qué los actores eran considerados artistas. Pensaba que no era lógico pagarles por fingir ser algo que no eran, en lugar de contratar a gente que lo fuese de verdad. ¿Qué sentido tenía que Robert De Niro engordase sesenta libras y se pusiese a boxear? ¿Es que no había por ahí boxeadores gordos acabados? Cuando me convencí de que actuar era algo más – gestos, miradas, silencios de los que depende  la credibilidad de la película- tampoco tenía muy claro que la interpretación fuese algo comparable a lo que hacen escritores, compositores o pintores. Robert Mitchum aseguraba que su trabajo era el más fácil del mundo.  Hace poco vi La hija de Ryan. Al día siguiente La noche del cazador. Es Mitchum el maestro enamorado y el predicador psicópata. No creo que interpretar a estos personajes le resultara sencillo. A lo mejor sí, nunca se sabe con los artistas.