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UNA NOCHE TRAS OTRA

Es algo especial pisar el césped del Bernabéu, aunque esté cubierto con un plástico azul, mirar el escenario vacío sabiendo que en cualquier momento se oirá un ¡Hola, Madrid! y la voz rota de Bruce Springsteen te acompañará durante las próximas horas recordándote que algunas líneas –ya hayan sido compuestas hace cuarenta años o algunos meses atrás- seguirán siempre significando algo para ti.

Anoche Springsteen no se olvidó de los más fieles y rescató alguna que otra joya de las recopiladas en la caja Tracks y en el The Promise, incluido el estreno en directo de Spanish Eyes. Los setenta volvieron con el aire gamberro de Spirit In The Night, las guitarras rugieron en Murder Incorporated y el soul inundó el coliseo de la Castellana durante el Apollo Medley. Jack Of All Trades, Shackled And Drawn y We Are Alive demostraron que muchos nos equivocamos al juzgar el nuevo disco, aunque fue el Springsteen de carreteras desiertas el que verdaderamente conmovió con Thunder Road y The River.

Es el de ayer el concierto más largo en la carrera de Springsteen; el rockero de Nueva Jersey se despedía exhausto del público madrileño sabiendo que lo había vuelto a conseguir, no sólo con los que nos emocionamos al oír Here in northeast Ohio/ Back in eighteen-o-three: había logrado que la noche pasase a ser inolvidable para los miles de espectadores que jamás habían asistido a un concierto de Bruce Springsteen y que probablemente nunca más vuelvan a hacerlo. Y eso es, según el propio Springsteen, lo que le motiva para seguir una noche tras otra -en cualquier lugar del mundo- cantando sobre chicas, bandas callejeras, coches, fábricas y gente desesperada.


NO PUEDES CONCEBIR EL PLACER DE MI SONRISA

Aún siento a veces el frío que me atacaba al salir de la boca del metro Goya cuando yo era muy niño y pasar las Navidades con mi familia en Madrid era todo un acontecimiento. Fue uno de estos días de Navidad en la capital. Mi padre, mi hermano y yo salíamos del Bernabéu y buscábamos un bar, televisaban el Barça-Sporting. Acabamos en uno de la calle Concha Espina. Pasan los años, llega un momento en que te sientes adulto y ya no puedes ni siquiera imaginar cómo era cuando eras niño. Neil Young lo expresaba así en I Am A Child: Soy un niño, duraré tan sólo un rato. No puedes concebir el placer de mi sonrisa: me coges de la mano, me alborotas el pelo; es tan divertido tenerte a mi lado. En el bar de Concha Espina un señor sentado en la mesa de atrás me tiraba de cuando en cuando del pelo; yo me giraba y sonreía. La sensación de los tirones es de las que permanecen; mi padre me dijo que el señor se llamaba Paco Gento.