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CONTRADICCIONES

Talavante, verónica. Francisco Sánchez Torrejón

Suelen ser los de San Isidro días de manga corta y gafas de sol; casi 25000 personas llenando el coso madrileño con la esperanza de que alguna de las figuras de ahora les dé razones para seguir creyendo que tras la sangre sobre el albero hay algo más que muerte y espanto. Todos los años acabo por sentarme más de una vez en la piedra dura de Las Ventas. No son sólo los argumentos de los antitaurinos los que me hacen dudar; tampoco me es fácil explicar qué es lo que me atrae. Es lo contradictorio a menudo terreno propicio para la belleza, para la creación –hoy se cumplen diez años de la muerte del, dicen que genial, cronista taurino de El País Joaquín Vidal; Picasso y algún otro no han desdeñado este mundo de burladores de la muerte y bestias de más de media tonelada-. En más de una ocasión he dicho que no volvía. Sé que alguna tarde del mes que viene –mientras algunos abroncan al matador, a la cuadrilla, al ganadero, al presidente; otros comparten una bota de vino y unos franceses llaman ignorantes a los de la fila de abajo- yo tomaré notas en mi porción de piedra preguntándome qué sentido tiene todo aquello.

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VUELVO A CASA

Retrato de Leonard Cohen, Francisco Sánchez Torrejón

Ahora, en el tren, echo un vistazo a las letras de lo último de Leonard Cohen. Creo que es la voz, esa a la que se refería Cohen en la gala de los Príncipes de Asturias y que le dicta cada palabra, la que habla del poeta que vuelve a casa sin tormento, disfraces ni porqués en Going Home (dirá lo que yo le diga aunque no sea bienvenido, simplemente no tiene la libertad de negarse). Pasando páginas del libreto es imposible no detenerse en versos como muéstrame el lugar, ayúdame a desprenderme de esta piedra, muéstrame el lugar donde la Palabra se hace carne, muéstrame el lugar en que comenzó el sufrimiento. Tampoco es desdeñable lo que encierra la algo más accesible Darkness: no tengo futuro, sé que son pocos mis días y el presente no es tan placentero: tan sólo un montón de cosas que hacer. Pensé que el pasado me duraría, pero la oscuridad también lo alcanzó. No desmerecen para mí las últimas: comienza Come Healing con la súplica de que le devuelvan ahora la fragancia de aquellas promesas que ella nunca se atrevió a jurar. Astillas que permanecen clavadas y cruces que se dejaron atrás. Cierra Cohen su recopilación de viejas ideas con una nana (Lullaby):si tú corazón está hecho trizas, no me pregunto por qué; si la noche es larga, aquí está mi canción de cuna y dejando claro, en Different Sides, que existe una línea que nadie trazó que hace que aquí donde vivimos, a pesar de todo, sigamos siendo dos.


TEXTO PARA LA EXPOSICIÓN DE FRANCISCO SÁNCHEZ TORREJÓN


Levanto la vista. La vieja manta sobre la que mi padre pintó unos personajes algo picassianos tocando diversos instrumentos sigue presidiendo el salón. Por las paredes de casa he visto pasar formas geométricas de gran poesía -casi metafísicas- y pinturas cargadas de fuerza y materia. Hay también cuadros más abstractos capaces de sugerir tanto como sus inconfundibles paisajes. En un mundo en el que hay quien afirma que el arte ha muerto y en el que el óleo y el lienzo van perdiendo terreno frente a cosas bastante complicadas de definir, la propuesta de mi padre para esta exposición –retratos, naturalezas muertas, toreros- supone todo un reto. Desconozco si los mares enfurecidos, la mirada de Neil Young o las escenas sobre el albero lograrán conmover. Sé que han sido muchas horas sosteniendo un pincel, pero hay un detalle que me hace ser optimista: mi padre dice no haber disfrutado nunca tanto con la pintura.