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SIEMPRE SERÁ AÚN NO

En uno de los volúmenes de Tu rostro mañana, de Javier Marías, una italiana, la mujer de un diplomático, baila entre la multitud preguntándose si ha llegado ya el día en que ha dejado de ser atractiva para la mayoría de los hombres. Pero es aún no, aún no, piensa aliviada…

Me parece que todos tenemos tendencia al aún no, aunque sea en un sentido algo distinto al de la italiana del libro. Dejamos aparcadas cosas, importantes o no, como si las consecuencias nunca nos fuesen a alcanzar (aún no, aún no, pasa otro día, otro mes, otro año). Vamos posponiendo la toma de ciertas decisiones mientras elegimos qué callamos y qué contamos.

A veces, el día en que te das cuenta de que la situación no tiene fácil arreglo acaba llegando. Y entonces piensas que las cosas nunca podrían haber sucedido de otra manera. Una mala decisión es mejor que una no decisión, asegura Tony Soprano (el mafioso de la serie). Coincido con Soprano y estoy convencido de que, por lo general, hay siempre al menos un resquicio para la libertad individual. Lástima que sea tan cómodo vivir dejando pasar, convencido de que siempre será aún no.


DOS, CINCO, DIEZ PÁGINAS MARAVILLOSAS

Anda por la estantería de casa un libro editado por Javier Marías con el que el escritor –o al menos eso pone en la dedicatoria- pretende dar algún susto a mi padre mediante algunos autores extravagantes. Cuentos únicos es una recopilación de relatos de hombres que lograron dar en el blanco una única vez –dos, cinco, diez páginas maravillosas-, una idea brillante ejecutada a la perfección durante unas pocas horas. Reivindica Marías en la introducción el género del cuento fantástico: tiene la capacidad y la virtud de enfrentarse de manera abierta y directa con los grandes temas de la literatura (aunque bien es cierto que esta virtud es para algunos sólo falta de sutileza, propia de escritores incapaces de ser lo suficientemente pacientes como para que el texto acabe revelándose por sí mismo). Al leer los Cuentos únicos me es difícil minusvalorar a estos escritores; también piensas en aquellos que aciertan una y otra vez, capaces de idear una estructura –oculta en los centenares de páginas- tal que sin ella la historia no podría ser contada y te das cuenta de lo difícil que es eso que Stevenson llama jugar con el papel.