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TAN GENEROSA COMO EL AMOR

Richard Ford y Raymond CarverCuando se cruzó con él, en 1977, Richard Ford no sabía quién era Raymond Carver. Entonces Ray -así lo llama en su libro autobiográfico Flores en las grietas– no era conocido como el Chejóv americano y el Raymond Malo todavía estaba al acecho. En aquel primer encuentro (sucedió en uno de esos festivales literarios que se celebran en las universidades americanas) Carver leyó ¿Qué es lo que quiere?, un relato que parecía que nunca hubiese pensado leer en voz alta, y con el que Ford experimentó un placer vertiginoso: un objeto fabricado que en nada se parecía a la vida, algo más bien abstracto, capaz de intensificarla y dignificarla.

En el 77 Carver era serio, reservado e inseguro. Alguien asustadizo al que se le notaba que no hacía demasiado había estado contra las cuerdas. Pelo enmarañado, manos rudas, patillas largas. Flaco, huesudo y mal vestido. Una persona obligada a desprenderse de cosas buenas y malas en el mismo paquete y a la que no le quedaba otra que enfrentarse a la vida de manera directa. El capítulo de Flores en las grietas en el que Ford habla de su amigo se titula El buen Raymond. Carver era incapaz de sentirse feliz del todo si el otro no compartía su alegría, Ray era un alma bendita (logró dejar atrás al Raymond Malo, a pesar de que el término le divertía) para la que el tiempo era algo valioso y que consideraba, esto se ve en sus relatos, que la vida –en particular la vida con los demás- era todo lo que había.

Carver –llegando a extremos ridículos para evitarla- odiaba la confrontación con la que tanto disfruta Ford. Según éste, Carver era el hombre físicamente más inepto que jamás había conocido y el que peor comía. Dejando a un lado las curiosidades biográficas y la manera en que éstas influyeron en la obra de Carver, me quedo con el párrafo en que Ford está convencido de que cualquiera podría haber querido a Raymond Carver (la misma persona en cualquier momento y en cualquier lugar) tanto como él, pues conocer la amistad de esta manera es comprender que no es excluyente, sino tan generosa como el amor.

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MUNRO, CARVER, McCULLERS Y CHEJOV

Retrato de Alice Munro, Francisco Sánchez Torrejón

En la contraportada del libro de Alice Munro que no hace demasiado llegó a mis manos citan a un par de autores que he leído: Carson McCullers y Raymond Carver. También dicen que hay algo de Chejov en la escritora canadiense. Siendo sincero no sé demasiado de ninguno de los cuatro. Un par de relatos de Munro en el autobús, algo más de cincuenta páginas del corazón solitario de McCullers y un cuentecito de Chejov con un poco de mala leche. De Carver leí todos los relatos de Principiantes. He olvidado mucho, pero independientemente de la manera –las líneas secas de Carver, esa mezcla imposible de crudeza y piedad de Munro, las dosis de genialidad e ironía de Chejov o el desfile de personajes imborrables de McCullers-, lo que,a mi modo de ver, los une es una inteligencia capaz de, en unas pocas páginas, hacernos comprender algo mejor de qué va esto de la vida.