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ÉSTA ES TU ESPADA

High HopesMe despiertan sus voces, no importa. Salgo del baño. Mi madre me acaba de dejar un Nescafé encima de la mesa. Mi hermano ya se ha ido al curso de patentes en el que te preparan para ese examen tan difícil. Mi padre llama antes de salir hacia el instituto, me cuenta qué tal va todo por Moguer.

Arreglo un par de asuntos en la universidad. En realidad, llevo toda la mañana pensando en que el nuevo álbum de Bruce Springsteen está en El Corte Inglés de Princesa. Quito el envoltorio en el autobús de vuelta a casa, empiezo a hojear el libreto con las letras, me detengo en Harry’s Place. Después de comer, le comento a mi madre que esta vez no voy a colgar en el blog mis impresiones del disco, que de High Hopes se ha dicho de todo.

He leído que Harry’s Place es de los textos más densos de Springsteen; estoy de acuerdo, me vienen a la memoria Tony Soprano y Gandolfini. Pero confieso que no puedo dejar de escuchar This Is Your Sword, quizá porque me lleva a los momentos folk de la gira Wrecking Ball que me acabaron gustando tanto.

Es hora ya de olvidarse de la música de Springsteen, aunque no me acuesto sin sentirme antes afortunado de poder recoger cuando haga falta la espada a la que el de Nueva Jersey se refiere en This Is Your Sword: la que será como un escudo si llegamos a observar el abismo, la de los padres con lecciones aprendidas, la que dice que nos aferremos a aquéllos que nos defenderán incluso si sucumbimos y la desesperación nos hace cerrar la mente y vaciar el corazón.

TRADUCCIÓN DEL ÁLBUM COMPLETO (JULIÀ SALAS) DISPONIBLE EN  www.stoneponyclub.es


Y SE LLAMA GEORGE MILESON

Setlist original

Setlist original

George Mileson se ha dado una vuelta esta noche por el Moby Dick Club. Tengo entendido que nació en los pantanos de Jersey –donde, según Bruce Springsteen, los mosquitos crecen grandes como aviones. Mileson es una leyenda en los clubs de Asbury Park, NJ desde finales de los sesenta.

Apareció por el escenario sobre las nueve y media, una media hora antes de lo previsto. Nunca había escuchado Devils & Dust en directo (Sólo estoy intentado sobrevivir / qué sucede si lo que haces para sobrevivir / mata a las cosas que amas / El miedo es algo poderoso, cielo / puede hacer que tu corazón se vuelva negro…), tampoco Back In Your Arms ni Tougher Than The Rest.

Ya con camisa negra remangada y chaleco, esta vez arropado por su banda, George Mileson volvió al escenario. Después del tradicional ¿Hay alguien vivo ahí afuera? empezó a sonar Radio Nowhere. Se atrevió con la versión larga, la del ’78, de Prove It All Night y nos emocionó, al menos a los de la primera fila, con la contenida Racing In The Street –o cómo sentirte culpable por haber acabado con los sueños de la persona que decide compartir contigo su vida.

Mileson se paseó por la barra de la Moby Dick, surfeó entre los brazos de la multitud y aseguró que la mayor parte de los temas que iba a interpretar eran peticiones (entre ellas Car Wash, Man At The Top y  Blood Brothers). Le fue imposible dejarnos sin Thunder Road.

En realidad, la sala Moby Dick está cerca de la Castellana y no en la costa de Jersey. George Mileson nació en Barcelona en 1975 y se curtió en el Berklee College Of Music. Ha publicado dos álbumes con temas propios; su último trabajo, Leap Of Faith, recoge versiones de canciones de Springsteen. Qué más da. He llegado a casa con una sensación que ya conocía. Sí. Esta noche he visto a Bruce Springsteen. Y se llama George Mileson.


DE POLÍGONOS INDUSTRIALES Y ESTADIOS DE FÚTBOL

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No andábamos esta vez en un polígono industrial de Mejorada del Campo. Atrapados en un atasco a pocos kilómetros del campo del Borussia de Mönchengladbach. Bea no sabía si apagar la radio o dejarla encendida, yo miraba el reloj del coche. 19:35. Era probable que Bruce Springsteen ya estuviera sobre el escenario.

P1, P2, P3, P4, P5 llenos. La radio anuncia 10 kilómetros de retenciones. Ocho plazas libres en el P6, lo dejamos el el P7. Aparece el Borussia-Park, a Bea le da por comprarse un bretzel. Llegamos a la Nordtribüne. Sale Springsteen y empieza a sonar Jackson Cage. My Love Will Never Let You Down, Better Days, Shake, Rattle And Roll y el estreno de One Way Street. Nadie se levanta, aplausos al final de cada canción. Allí, en un estadio entre Aquisgrán y Mönchengladbach, todo verde a los lados de la autopista, estaba el concierto que muchos llevaban años esperando.

El inicio soñado me estaba empezando a pesar. A cien metros del escenario, rodeados de cincuentones alemanes. Sabía que Point Blank -tan deseada- no era lo que yo andaba buscando. Mary’s Place y el trago de cerveza en Hungry Heart, Bea ya sonreía en Trapped, imposible permanecer sentados durante Man’s Job.

Acabó el Rockin’ All Over The World de Fogerty. Me acordé de una mañana en Mejorada del Campo, una Coca-Cola en un bar de camioneros esperando a que abriese una ferretería. Sonaba todo a despedida. Volviendo al P7 no pensaba en Candy’s Room ni en Thunder Road. Bea me contaba sus escarceos con el teatro, sonriendo de esa manera tan suya. A veces no hay tanta diferencia entre comprar un cilindro de papel de burbujas y pasar tres horas con Bruce Springsteen. Y eso a mí me basta.


EL RÍO

Río

Ahora actúo como si no me acordase/ Mary hace como si no le importara. El protagonista de The River, de Bruce Springsteen, recuerda cuando iba con Mary al río, allá donde los campos eran más verdes, y tiraba de ella para sentirla respirar a su lado. La canción de Neil Young Down by the River va, o al menos eso parece, de alguien que –río abajo- intenta convencer a su chica de que no tiene razón para esconderse, acaba disparándole.

Yo, de pequeño, no acababa de entender cómo se formaban los ríos, no me parecía muy lógico que el agua siempre fluyese, tampoco me creía del todo eso que te contaban en Conocimiento del medio del ciclo del agua. Todo fluye, panta rei, afirmaba Heráclito. Creces, oyes lo de que la materia ni se crea ni se destruye de Lavoisier. Ya en la Universidad intentan que te aprendas el Teorema de Poynting. El río de la canción de Springsteen ahora está seco y la chica de Down by the River era capaz de llevar a su asesino más arriba del arcoíris.

Hablo de ríos porque después de comer he visto El río de Renoir, nada mejor que las aguas del Ganges para entender la vida (siempre igual, siempre cambiante), la necesaria dialéctica entre creación y destrucción. Me canso de estudiar, busco cómo era exactamente aquello que decía Jorge Manrique de la inevitable desembocadura de los ríos caudales, medianos y chicos. Y doy con otra frase de Heráclito que me gusta para terminar: en los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos.


LÓGICA Y RAZÓN Y SIMPATÍA Y PASIÓN PARA ESTE MUNDO FRÍO, FRAGMENTADO Y CONFUSO

Es una mierda. La gente no necesita que le hables de tu vida. A nadie le importa una mierda tu vida. Te necesitan para salvar sus vidas. Eso es lo tuyo. Dar algo de lógica y razón y simpatía y pasión para este mundo frío, fragmentado y confuso. Ese es tu don. Explicarles sus vidas. Sus vidas, no la tuya. El que hace 25 años dijo lo que está en cursiva fue Steve Van Zandt, el guitarrista de Bruce Springsteen, y lo que es una mierda es Ain´t Got You (la primera canción del Tunnel Of Love, esa en la que Springsteen dice que tiene una casa llena de rembrandts). Todo esto lo leí en un artículo en el que Fernando Navarro habla de la inestabilidad emocional de El Boss durante la época del Nebraska.

Hace unos días, Graciela –una amiga de la tertulia- escribió unas páginas (motivadas por el tema del héroe, del Espíritu libre) en las que aparece una cita que asegura que lo profundamente artístico se busca sin descanso. Son (esta clase de artistas) lo contrario a aquello que marca una corriente mayoritaria y se deja convertir en una marca. Para muchos (se incluyen aquí multitud de fans que perdieron la fe en Springsteen hace tiempo) esto, una marca, es lo que es ahora El Jefe: y te lo imaginas sacando a una niña al escenario en Waitin’ On A Sunny Day, bailando con su madre en Dancin’ In The Dark y simulando un desmayo del que se va reponiendo progresivamente a medida que Van Zandt, el de la bronca de antes, va escurriendo en su frente una esponja gigante.

Ahora, en el tren de vuelta a casa, escucho Long Walk Home. Y recuerdo mi primer concierto de Bruce Springsteen con la E Street Band –en 2007, en el Palacio de los Deportes-. Me viene a la cabeza cuando al año siguiente sonaba en el Bernabéu No Surrender (no surrender, Pete, me repetía mi hermano). No olvidaré el inicio de la gira Wrecking Ball en el Olímpico de Sevilla, tampoco lo que significó para mí que mis amigos me acompañasen al concierto de Madrid de hace unos meses.

Había pensado copiar algún verso de Independence Day, de esa canción del The River tomó el novelista Richard Ford el título de la segunda parte de El periodista deportivo. Me apetece más escuchar The Ghost Of Tom Joad. Y cierro los ojos pensando que poco me importa a mí que lleven razón los que están convencidos de que Springsteen se ha convertido en una marca, que no andaba Van Zandt muy desencaminado y deseando ser Tom Joad cuando dice eso de dondequiera que haya alguien peleando por un lugar en el que estar, o un trabajo decente o una mano amiga; dondequiera que haya alguien luchando por ser libre, mira en sus ojos, Mamá, y me verás a mí.


UNA NOCHE TRAS OTRA

Es algo especial pisar el césped del Bernabéu, aunque esté cubierto con un plástico azul, mirar el escenario vacío sabiendo que en cualquier momento se oirá un ¡Hola, Madrid! y la voz rota de Bruce Springsteen te acompañará durante las próximas horas recordándote que algunas líneas –ya hayan sido compuestas hace cuarenta años o algunos meses atrás- seguirán siempre significando algo para ti.

Anoche Springsteen no se olvidó de los más fieles y rescató alguna que otra joya de las recopiladas en la caja Tracks y en el The Promise, incluido el estreno en directo de Spanish Eyes. Los setenta volvieron con el aire gamberro de Spirit In The Night, las guitarras rugieron en Murder Incorporated y el soul inundó el coliseo de la Castellana durante el Apollo Medley. Jack Of All Trades, Shackled And Drawn y We Are Alive demostraron que muchos nos equivocamos al juzgar el nuevo disco, aunque fue el Springsteen de carreteras desiertas el que verdaderamente conmovió con Thunder Road y The River.

Es el de ayer el concierto más largo en la carrera de Springsteen; el rockero de Nueva Jersey se despedía exhausto del público madrileño sabiendo que lo había vuelto a conseguir, no sólo con los que nos emocionamos al oír Here in northeast Ohio/ Back in eighteen-o-three: había logrado que la noche pasase a ser inolvidable para los miles de espectadores que jamás habían asistido a un concierto de Bruce Springsteen y que probablemente nunca más vuelvan a hacerlo. Y eso es, según el propio Springsteen, lo que le motiva para seguir una noche tras otra -en cualquier lugar del mundo- cantando sobre chicas, bandas callejeras, coches, fábricas y gente desesperada.


ALGO NUEVO QUE DECIR BAJO LA HERMOSA NOCHE SEVILLANA

No hace demasiado dije que ya no era Bruce Springsteen el más adecuado para cantar sobre las miserias de la gente corriente. Anoche, después del ¡Hola, Sevilla!, los versos de Badlands cobraron para mí verdadero sentido; noté que ni el magnífico estado de la voz de Springsteen ni la buena acústica eran los únicos motivos que iban a convertir la noche de ayer en inolvidable. ¿Dónde está el trabajo que hará mis manos, mi alma libres? Había escuchado el Wrecking Ball decenas de veces en casa, el Boss no había venido a Sevilla a hacer una defensa digna de su último trabajo, tampoco a recordarnos que hubo una época en que sus composiciones hablaban de chicas, promesas y carreteras polvorientas: estaba claro, Bruce Springsteen tenía algo nuevo que decir bajo la hermosa noche sevillana. Libertad, hijo, es una camisa sucia/ El sol en mi rostro y mi pala en la tierra/ La pala en la tierra mantiene al diablo alejado/ Me desperté esta mañana encadenado y cautivo. La remozada E Street Band volvía a sonar contundente –nuevas voces, sección de vientos y un Jake Clemons que con una mezcla de desparpajo y talento homenajeaba a su tío en cada nota. El tan temido experimento rapero del rockero de Nueva Jersey fue uno de los puntos álgidos; Candy´s Room, The Ties That Bind, Because The Night: los guiños a los fans de siempre se intercalaban entre las líneas crudas del Wrecking Ball (Pero a veces el mañana/ Llega bañado en tesoros y sangre/ Hey, resistimos la sequía/ Y resistiremos el diluvio; imposible no dejarse envolver por Jack Of All Trades). Tenía algo nuevo que decir y sabía que sólo había una manera posible de decirlo: con más energía y ganas que nunca; nosotros entendimos que la E Street Band no se acababa en el escenario. La mirada de un emocionado Bruce se tornó triste al recordar al fallecido Clarence Clemons; pero enseguida volvió la llamarada a su voz. Eligió Springsteen el Sur para comenzar la gira europea, no creo que esto fuese una coincidencia; el calor sofocante, el sudor, los ritmos del sur de los Estados Unidos, un público entregado: el lugar idóneo para acordarse de los indignados, de los que han perdido su trabajo, de la gente que sigue luchando en estos tiempos difíciles.